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El Señor Jesucristo es la Vida, la Luz, el Camino, la Verdad, la Resurrección- es todo- todo fue creado por él y para él. Es una persona de la Trinidad, esta vivo-resucito entre los muertos al tercer día y esta sentado a la diestra del Padre y vive en nosotros, a través del Espíritu Santo, el cuál nos transformará a la imagen y semejanza de Cristo.

Cristo es el orden Celestial cuyo orden estaba en un caos a raíz del Pecado de Adán y Eva. Cristo vino a restaurar el orden celestial de la creación y en Efesio 1:10 dice “de reunir todas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como lo que están en la tierra.”

El propósito de Dios fue dar a su hijo amado en la Cruz para salvarnos y darnos vida eterna, y por otra parte, restaurar así la comunión entre los Hombres y el Padre, pero también recuperar el orden de la creación frente al caos el cual es producto del pecado y la desobediencia del hombre. Él es el camino a la gloria y nos permite conocer el Señorío de Cristo. Porque la Gloria de Dios- es su Hijo amado Jesús- que vino a morir por nosotros- el que crea y lo recibe a él – recibe ese orden, la vida, la luz, la verdad y estará en unidad y comunicación con el Padre; es decir, bajo el Señorío de Cristo. Y esto lo logramos con la ayuda del Consolador que nos lleva a nosotros a perfeccionarnos a la imagen de Cristo.

Cuando nacemos de nuevo recibimos la luz, la vida y viene a nosotros el orden celestial, vemos los cielos abierto, la Unción, el cielo esta en evidencia, en control, bajo el Señorío de Cristo; Jesucristo es la personificación del Orden Celestial. A medida que él Espíritu Santo nos transforma a la imagen y semejanza de Cristo- estaremos por un lado- en conflicto con este mundo, y por el otro lado, estaremos en comunión y en orden con el Padre a través de Cristo. En la dispensación es un Orden, un Gobierno, una Regla, es el Señorío de Cristo- todo esta bajo su control y poder-. Con Cristo se recupera y restaura el orden perdido, la Fe nuestra debe estar fundamentada aquí. Cristo repara o quita el desorden, el caos y restaura todo lo que esta mal y lo transforma en orden celestial, llevándolo a la armonía y a la unidad espiritual con él y el Padre.

Cuando la Vida esta en nosotros y en nuestra congregaciones, Cristo nos lleva al orden, a la unidad, al vinculo perfecto, a todos, que es el amor; el Espíritu Santo, es la vida y esta en nosotros y entre nosotros y haremos la voluntad del Padre es decir, por esto es que el Señor dijo ¿ Quién de Uds., me acusa de pecado?. El pecado representa el caos, la muerte y no esta Cristo ni la vida allí.

El Orden Universal de Dios es la creación es Cristo es la simiente- la Vida-, cuando fue revelado el Misterio de la Piedad a los Hombres, Cristo hecho Carne, y observamos en él que como hombre – hizo la voluntad del Padre-, estando bajo el Señorío del Padre y todas las cosas se sujetaron a él- Cristo- es el orden del Padre. La Vida misma de Dios- y que esta en el Hijo-y él tiene vida en si mismo, se la dio el Padre -el Espíritu Santo plantó la simiente por la Palabra a través de Cristo en nosotros. Pedro dice: (1ra de Pedro 1:23) “Siendo renacido no de simiente corruptible,sino incorruptible, por la Palabra de Dios, que vive y permanece para siempre,”esa simiente es Cristo- cuando nacemos de nuevo-el Espíritu Santo-plantará esa simiente de Cristo, la Palabra de Dios en nosotros; Cristo lo llena todo,lo constituye y ocupa todo- y todo será de Dios.-

Todo el Orden espiritual en nosotros debe estar relacionado con el Señorío de Cristo- la Vida, la Luz, el Testimonio de Vida-, debe estar en nosotros y presente en la iglesia; pero cuando lo hacemos todo en lo terrenal, bajo nuestro criterio, destruimos ese orden y no está el Señorío de Cristo- la Vida- no es manifestada, el Testimonio no lo vemos, entra el caos y la muerte a nosotros y a la iglesia. Es por esto que la Santidad es Cristo, no es una mera doctrina y enseñanza, es Cristo- la Vida- en 1ra de Corintios 1:30 leemos: “ Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.”

El Señorío de Cristo a través de la Palabra y del Espíritu Santo nos trae de nuevo a Dios, a su orden y unidad celestial; para tener comunión y vida con él, pero el Señor Jesucristo nos advierte que para que esos cielos sean abiertos- donde se manifieste la gloria de Dios- su Señorío- debemos de morir este nuestro “YO”; para poder estar con Cristo y permanecer con Él en la Casa de Dios ( la cual soy yo y todos nosotros). La carne debe de morir y su presencia aumentar- debemos de ser quebrantados en nuestro “YO”. Debemos de pensar, hablar y vivir como Cristo en nuestro tiempo. La Palabra “ Cielos Abiertos” representan un hombre nacido de nuevo y bajo el Señorío de Cristo. La Cruz es la puerta para entrar a esos Cielos Abiertos, la Unción, el Espíritu Santo hace esto real y nos pone bajo el Señorío de Cristo.

La iglesia que nace después del Pentecoste, nace con ese propósito- para que la gloria de Dios- la Vida-Cristo- habite en ella a través del Espíritu Santo; estamos en el tiempo de los Cielos Abiertos; entendemos ahora a Israel saliendo de Egipto, conducidos bajo el Señorío del Señor Jesús.

Debemos de tener una vida santa y ungida por el Espíritu Santo y que la vida en nosotros sea creciente- en Orden, Unidad y Armonía en nosotros y entre nosotros, como hijos de Dios, como cuerpo de Cristo (la Iglesia) y bajo su Señorío.

Cuando suceda el arrebatamiento veremos los cielos abiertos (lo que hemos creído en Cristo), podemos ver en el libro de Hechos en el capitulo 7 versículo 55 y 56 “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puesto los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos; y al Hijo del Hombre que esta a la diestra de Dios”.

El objetivo de Dios, es que estemos en la luz, en la vida, hecha realidad a través de Jesucristo. Mientras permanezcamos en Cristo- lo que comenzó Dios en nosotros él lo terminará- que este la simiente de Cristo en nosotros y en su Iglesia, y el Señorío de su hijo en nosotros y en la Casa de Dios, su Iglesia.

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