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Cuando vemos a la Iglesia, vemos a Cristo, su Testimonio, las formas y ordenanzas y leyes- la Palabra-, el Fundamento, la Verdad. No es solamente un cuerpo ordenado y con técnicas y frío, es -Cristo-. Pero cuando se desvanece y se pierde lo divino, se pierde la revelación original de Dios, lo espiritual, el poder divino y la gloria de Dios- Espíritu Santo- se aparta; Dios trae de nuevo a su Hijo amado, Cristo es la plenitud del pensamiento de Dios para nosotros, para su pueblo. Cristo es la plenitud del pensamiento de Dios.

Cuando la Palabra habla de Betel casa de Dios, estas viendo a la Iglesia, vez a Cristo. Ya sea en el Tabernáculo en el desierto, el Templo de Salomón, aquello que en el A.T llamamos Iglesia es -Cristo.-

Dios vive en Cristo, la habitación de Dios es Cristo, como lo es el Espíritu Santo en nosotros; es única y el Lugar Santísimo está en él. Para que Cristo pueda estar en la Casa, tienes que venir al Altar, el cual habla de muerte y resurrección, es decir hay que nacer de nuevo, es la única forma de que nosotros entremos y estemos en la Casa de Dios.

El Cordero de Dios y el Altar, le impiden la entrada a ese lugar al hombre de pecado, hay que nacer de nuevo, para que Dios nos limpie de pecados y pueda morar en nosotros a través del Espíritu Santo.

Si hablamos de la Casa de Dios entonces estamos hablando de nosotros, del nuevo nacimiento y estamos con Cristo y en Cristo, Pablo dice en 1ra. de Corintios 12:13 “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu».Es lo que ocurre cuando nacemos de nuevo (somos esa Casa) el Espíritu Santo nos coloca en Cristo Jesús, y por ende en la Casa de Dios.

Para entrar en la casa de Dios- debemos de morir y resucitar con Cristo, el bautizo trata de establecer eso, cuando somos sumergidos en el agua, es la forma simbólica que estamos siendo sepultados con Cristo y cuando salimos del agua, estamos resucitando con Cristo; nuestra vieja naturaleza natural debe de morir. En Gálatas 5:24 dice “ Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” Debemos de reconocer nuestra muerte al pecado, Dios dice que hemos muerto y resucitado con Cristo. El Señor Jesucristo fue a bautizarse con Juan al inicio de su ministerio y observamos la Unción del Espíritu Santo, cuando él salió del agua; estuvo de igual manera sujeto a la Palabra y al Espíritu, al Padre. Yo no hago nada sino lo que me envió hacer mi padre; y “ yo sólo hablo lo que oigo decir a mi Padre.” Juan 5:19. El nos enseña, que el muere a su propio yo- juicio, voluntad y pensamiento,- y desde aquí en adelante, yo solo vivo para el Padre; cuando somo bautizados en agua y en el Espíritu, tenemos una nueva vida. La Unción que estaba sobre Cristo como cabeza de la Iglesia, ahora viene sobre nosotros en Cristo. No es una Unción aparte o diferente, es Cristo mismo a través del Espíritu Santo; este es el significado verdadero del Señorío de Cristo ,- todo lo hago en su nombre-,la Unción está dentro de mi y encima de mi. Lo podemos leer en Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho frutos; porque separados de mí nada podéis hacer”. El vive solo para el Padre. El bautizo en agua y en Espíritu, nos coloca en la misma situación, vivimos para Cristo, solo para él. Estaremos bajo el Señorío de Cristo es decir, bajo la autoridad y enseñanza del Espíritu Santo.

La Unción significa también estar bajo el gobierno directo de Dios, eso sucede en nosotros, debemos de crucificar nuestro “YO”; en Deuteronomio 8:1 “Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.” Es decir, debemos de estar sujetos a la Palabra y al Espíritu Santo y bajo el señorío de Cristo; vivir y predicar la Verdad.

Cuando salimos del mundo y venimos a Cristo, en el nuevo nacimiento hay mucho del mundo en nosotros, por eso debemos de permitir que el Espíritu Santo- nos transforme a la imagen de Cristo- la Palabra nos transforma también; Deuteronomio 8:2 y 5 “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.” Y debemos de “Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.”

En el libro de Jeremías 17:9-10 “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”. Él sabe lo que tu y yo no sabemos, pero nos lleva a estar sujetos al Espíritu, al Señorío de Cristo. Él está conmigo y contigo para llevarnos a la imagen y semejanza del Hijo de Dios; debemos de ser confrontados con la Verdad y debemos de ser conducidos al desierto para ser transformarnos. Es por esto que Dios sacó a su pueblo de Egipto y lo conduce por el desierto; observamos que cada día estaban más lejos de la tierra prometidas, después de la tribulación, les dio la tierra; nosotros seremos conducidos al desierto igual hermanos (él lo hará todo). Debemos de renunciar a la carne, a la codicia, a nuestros propios conocimientos; lo más importante para Dios es que Cristo esté en nosotros. Debemos de dejar nuestros miedos y temores, y dejar que el Espíritu Santo nos transforma a la imagen de Cristo.

Debemos de abrir nuestros corazones y permitir que Dios haga la obra en nosotros a través de su Hijo amado Jesucristo. Amén

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