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JESÚS Y EL HOMBRE.

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error. Efesios 4:13-14.

Él Señor Jesucristo quiere tratar con el hombre que no le conoce y para poder lograr el propósito de esto, debe de tratar con cada uno de nosotros es decir, al momento de nuestro nuevo nacimiento, el cual es simbolizado en su muerte y resurrección de Cristo, el Señor comienza a quitar todo lo que no es de él y lo hará a través de la Palabra de Dios y con el Espíritu Santo; es decir, llevarnos a un varón perfecto, a la medida de la estatura y plenitud de él, para que no seamos por un lado niños fluctuante y seamos llevados o engañados con doctrinas y artimañas de hombre, es por esto que debemos de ser transformado a su imagen y semejanza.

Debemos de entender su ejemplo como hombre, él vino a ser un hombre que nació de una mujer virgen, bajo la sombra del Espíritu Santo, recibió María la semilla de Cristo en su vientre; y para nosotros viene hacer lo mismo, el mismo Espíritu Santo plantó la semilla de Cristo en nuestro espíritu humano; así que como hombre, yo soy ahora lo que él es, no como Dios, sino como hombre. Nosotros debemos de alcanzar ese mismo desarrollo espiritual que logró Cristo como hombre, debemos de estar sujetos a la Palabra y al Espíritu Santo como lo fue él, bajo el Señorío de Cristo, no hay otra forma ni ejemplo, el ejemplo es el mismo Señor Jesús como hombre.

Nosotros tenemos que conocer al Señor Jesucristo como hombre y como Dios, y este es el punto a desarrollar, que debemos de ser transformado a esa plenitud como lo fue él como Hombre y con la ayuda del Espíritu lo lograremos, todo lo que no es de él en nosotros debe de salir, para poder alcanzar su plenitud.

Debemos de seguir el ejemplo de Cristo hombre, un ser humano como nosotros pero que vino de arriba y volvió arriba, era un hombre celestial es decir espiritual; y que se sujetó al Padre, a la Palabra y al Espíritu Santo; y esto lo podemos encontrar en el libro de San Juan 6:38 “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”, y esta Unidad que tenía con el Padre era lo que Satanás quería destruir, y la respuesta de Cristo hecho carne y hueso, hombre, fue la Palabra; el ejemplo la encontramos en Mateo y Lucas 4, cuando fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo: Mateo 4:3b-4 “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, la respuesta fue la Palabra, él sabía que la Palabra es poder y es verdad, vida; pero más adelante en Mateo 4:6-7 “y le dijo: (el diablo) si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios,” observamos que el diablo sabe a quién está tentando y seduciendo para que haga la voluntad de él, y poder romper la Unidad de Cristo con su Padre; está enseñanza y ejemplo es para los hijos de Dios. Satanás está buscando repetir lo mismo que sucedió en el Edén, el primer Adán desobedeció a Dios y a la Palabra que Dios le había dado; Satanás rompió la unidad que había entre ellos, y toda la creación fue contaminada. Podemos preguntarnos ahora: ¿Qué es el hombre antes de la caída y luego de la caída?. El primer Adán fue creado perfecto, era un hombre espiritual, y con la caída su espíritu muere y pasa a ser un hombre del alma y pecador, donde la carne y sus deseos dominan su ser. Nosotros somos nacidos del pecado, somos hombre imperfectos y por lo tanto no podemos alcanzar el conocimiento de Dios, pero con el postrer Adán, Cristo hombre, podemos alcanzar la Unidad de la fe y adquirir el conocimiento de Dios a través de Cristo, para ser transformados por la Palabra y el Espíritu a su plenitud, la de Cristo.

Debemos en primer lugar nacer de nuevo y estar bajo el Señorío de Cristo como hombre, para lograr ser transformado a su imagen y semejanza; Satanás tratará de romper mi unidad con Cristo, para que sigamos siendo como Adán; pero debemos nosotros saber sujetarnos y vivir la Palabra, para poder así encontrar y recibir respuestas a nuestras tribulaciones y control y dominio sobre nuestra propia carne, siguiendo el ejemplo de Cristo hombre, en su enseñanza en el desierto, usando la palabra como respuesta de todos los conflictos internos y externos del ser humano, la respuesta la debemos de buscar en la Palabra, en Cristo Jesús.

El propósito de Dios al crearnos, es que sea expandido por el mundo su conocimiento, a través de su Hijo amado Jesucristo, en nosotros; esto es representación de lo que Dios busca y desea en el hombre; que esté su Hijo amado Jesús en cada uno de nosotros; y quitar de nosotros lo que no le agrada, el hombre natural o carnal y sus obras; Dios quiere recuperar con Cristo, la comunión con sus hijos, su creación; para que lleven el evangelio y la vida a todo aquel que no conoce por un lado a Cristo y a Dios, para que su conocimiento sea conocido en el Universo y en todo el mundo.

Volvamos al principio del tema, con el nuevo nacimiento debemos de ser limpiados por la sangre del Cordero y el Espíritu viene a morar en mí; debemos en pocas palabra ser crucificados en la cruz y resucitados por Cristo, nueva criatura somos; por otra parte, fue colocada la simiente que es la Palabra en mi, para que more en mí la vida, el testimonio de Jesús. Debemos de estar sujetos a la Palabra, para que todos lleguemos a la unidad de la fe. De qué unidad estamos hablando, explicamos la relación que había entre el Hijo de Dios con el Padre, Cristo como hombre estaba sujeto a la Palabra de Dios y al Espíritu, nosotros debemos de seguir el mismo ejemplo; él mismo dijo en San Juan 8:31 “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libre;” y el mismo Señor Jesús menciona en Juan 6:36 que la Palabra es Espíritu y es verdad, es decir, la Palabra es el mismo Señor. Esa verdad debe llevarnos a lo que Dios quiere ver en nosotros, que lleguemos a la unidad de la fe, qué es realmente esto en nosotros; si nosotros estamos bajo el Señorío de Cristo y el poder de la Palabra, “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Hebreos 4:12; esa misma Palabra debe de llevarme a la unidad de la fe que Dios quiere que tengamos.

Comencemos por Efesios 4:1-7 para entender la unidad de la fe, debemos de andar como dignos hijos de Dios; con toda humildad y mansedumbre, soportandonos con paciencia y amor los unos por los otros; manteniendo la unidad del espíritu (mi espíritu con el Espíritu Santo) para tener paz, todos en un cuerpo y un mismo Espíritu como fuimos llamados y engendrados por la Palabra, fuimos llamados a una misma esperanza, un Señor, Cristo, una fe, y un bautismo.

Por otra parte debemos de tener todos un mismo sentir, en 2º Corintios 13:11 dice: “Por lo demás hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros”, Cristo tenía el mismo sentir con el Padre, pero como hombre tenía paz y gozo y por supuesto mucho amor, nosotros debemos de ser perfeccionados en un mismo sentir y pensar y amar como Cristo; debemos de ser transformado en esa unidad de la fe con él.

Debemos de poseer un mismo sentir con él y con todos nuestros hermanos, en Filipenses 2:2-5 tenemos “completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús;” todos nosotros debemos de sentir lo mismo por los demás y preocuparnos más por los pequeños de la fe, como el Señor lo hizo, con amor y humildad.

Siguiendo con el mismo sentir, Pedro menciona “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables”, 1º Pedro 3:8, debemos de ser y sentir como Jesús hombre, compasivo y fraternal, con amor de Dios, para tener misericordia; en el mismo libro de 1º Pedro en 3:11-12 dice “Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal”. Debemos de ser hombres y mujeres santos como lo es él Señor, pero también de tener la justicia de Dios y obrar con ella, no la justicia de los hombres; porque los ojos de Jehová están sobre los justos, Salmo 34:14. Y debemos de saber que el “evangelio de justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito mas el justo por la fe vivirá”, Romanos 1:17. Y la fe y la justicia vienen por Jesucristo también, debemos de tener esto presente en todos los momentos de nuestras vidas, como la tuvo el Señor como hombre, él la vivió y la predicó, nosotros también la debemos de vivir y predicar; para que podamos alcanzar la estatura de un varón perfecto, es decir: “Así que, todos los que somos perfectos, estos mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios”, Filipenses 3:15. Para que se pueda predicar el conocimiento de Dios a través de su Hijo amado Jesucristo, todo lo que no es de Dios en nosotros debe de salir; para que podamos alcanzar la unidad de la fe y poder alcanzar estar a la plenitud de Cristo, es decir, podamos tener el testimonio de Jesús, la vida, la verdad y la podamos predicar al universo, al mundo y a todo aquel que no le conoce; esto significa hermanos que tenemos trabajo por delante, sacar de la iglesia todo lo que no permite crecer a la imagen y semejanza de Cristo.

Jesús y el hombre, Efesios 4:13 -14

¿Qué tan sujeto estas a tus pasiones?

¿Realmente estás sujeto a la Voluntad de Dios?

¿Cuál crees tú, es la respuestas a tus problemas o necesidades?

¿Qué necesitas reconocer para hacer morir tu YO?

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